ANECDOTAS

MI MARAVILLOS VIAJE A UTIEL (VALENCIA)

 

Todo empezó pues como todo con un principio, era el año 1946, mi padre que trabajaba en Madrid y en Telefónica, le mandaron como agente de permisos, para poner las redes telefónicas desde Valencia a Albacete y Alicante, pasando por todos los pueblos, fincas, carreteras, paso a paso, con sede en Valencia capital, donde vivíamos, tenía un equipo de celadores y un capataz con dos camiones, salían desde las oficinas y regresaban casi de noche, mi padre como responsable y dirección, pero la ejecución era digna de comentar .

El trabajo consistía en lo siguiente: desde Madrid le mandaban planos, con la situación de los postes y cableado, callera donde callera, cuando la línea pasara por una finca, con viñedos, frutales etc., mi padre tenía unas cartulinas amarillas con las normas de ejecución para que firmen los dueños de dichas fincas su aprobación y consentimiento, para poder plantar los postes necesarios cayeran donde cayeran, algunos propietarios le firmaban la autorización con desgana, a sabiendas de ser una orden del gobierno (que todos sabemos ahora qué tipo de gobierno era).KM 226 CERCA MINGLANILLA-JMGL-27844

Pero siempre existía algún propietario, que no estaba de acuerdo con nada que no fuera lo que dijera el, y le decía a mi padre casi escupiendo, con su familia delante para demostrar que el que mandaba en su finca era el -¡por mis “cojones” usted ni nadie me coloca un poste en mis tierras¡- ¿me ha oído usted? y mi “papa” le escuchaba con educación y se iba sin decirle nada, con sus papeles bajo el brazo y el dueño pegado a el indicándole la salida. Le decían adiós y a otra finca, a decirles lo mismo que al anterior, accedían porque eran conscientes del desarrollo y del beneficio, que les llevaría para ellos y la ciudad.

Los que no habían firmado la autorización, mi padre lo mandaba urgente a Madrid al departamento jurídico y de allí indirectamente al conocimiento del jefe de estado y sus ministros correspondientes y estos de un plumazo, llamaban al de los”cojones” y le dirían “muy amablemente”. Sr “cojon” cuando valla de nuevo nuestro agente, dando el nombre y cargo , le atiende usted con educación y que sea la última vez, firme usted el permiso, o nos veremos en la obligación de que acompañe a nuestro agente de permisos la guardia civil, esto es “UNA ORDEN” (esto fue así como me lo conto mi padre) ahora nos extraña pero era lo que tocaba.

Cuando mi “papa permisos” iba de nuevo a que firmara el señor “cojones” además de darle una cesta de fruta del tiempo (que repartía con los celadores) tocando el hombro de mi padre, le dice, perdone don Carlos, fue una rabieta ese día no me encontraba bien, (seguro que el pobre hombre le hubiera gustado seguir diciéndole a mi padre, ¡perdone señor agente de permisos alto, guapo buen padre, buen jefe, buen esposo etc. ¡) y yo me preguntaba con mi corta edad(siete años) que pudo pasar, que a mi papa y los celadores los echara casi a patadas de su finca y ahora con alfombra roja y toda su familia “acojonada” valga la redundancia y encima el pobre señor nos obsequia con “frutivires” vino de su cosecha, además que le diga al capataz, con una sonrisa coloquen los postes donde sea y los necesarios, con tal de mejorar el país, seguro que a mi  padre le darían ganas de poner un poste en medio del salón solo por la forma de cómo los echaron de la finca que solo faltaron los perros que ladraban como locos y no estaban presentes, ahora no estaba la familia presente, pero si desde el interior y tras los visillos.

Bueno son cosas que me contaba mi padre, que en este siglo xxi nos parece raro, por ello no entrare a juzgar ni comentar si está bien o mal, es algo que paso y fue eso ..Una anécdota. Pasado un tiempo, en una finca también grande, cerca del pueblo de Utiel coincidió con un propietario con un carácter, alegre, don de gente que le gusto a mi padre e hicieron una gran amistad, que duro, hasta la muerte del señor llamado José (no digo el apellido por respeto a la familia) que fue mi “tío Jose”por orden de el mismo.

Como sería la amistad, que nos acogió en su casa a mi hermana y yo un buen tiempo, vivimos una temporada larga en su casa de Utiel, vivienda de cuatro plantas, su negocio era una agencia de transporte Utiel-Valencia .

Contare varias anécdotas curiosas que ahora en este siglo y años sería imposible de hacer haya por el año 1946 : en los días que no tenia colegio o por las tardes, frecuentaba una tienda de alpargatas y zapatos (pocos) llamada Alcantarilla nombre del dueño, cerca de casa era una gran persona, fuerte, bonachón, siempre sonriendo, con bata gris, no estoy seguro pero tendría cincuenta años y yo siete, pero le quería y admiraba como a un amigo.

Nos sentábamos en la puerta de su tienda, con dos sillas de mimbre una grande y otra pequeña (que me la compro expresamente para mí) como dos adultos, comentábamos nuestras cosas, yo le escuchaba con la boca abierta sus historias y vivencias de antes y después de la guerra, yo ahora creo que sus historias me las contaba, por su ansiedad de recordar su vida pasada, que a nadie le interesaría, excepto a mí a su amigo Carlitos, que era como me presentaba a su familia y amigos, todo lo que me decía o contara era como una aventura para mí, es más creo que él fue mi primer promotor para poder escribir mis vivencias actuales.

Además de vender alpargatas y nuestra complicidad, también vendía las ataúdes que tenía en sótano almacén de la tienda, para los difuntos que yo me acuerde no se “moría nadie “o no me lo decía (justa medida) el caso es que de vez en cuando, bajábamos el señor Alcantarilla (así le llame siempre) mi amigo, al sótano a limpiar los ataúdes colocados en estanterías, podría haber por lo menos diez unidades, mientras el limpiaba yo me metía en algunos de ellos, sin tapa claro yo le comentaba a mi amigo dentro de mi ignorancia infantil !parecen cómodos son muy bonitos! había uno pequeño, blanco que era de mi medida y le dije a mi socio de aventuras, me puedo meter en esta caja, él no me hizo caso o no me oyó, estaba haciendo otras cosas y me introduje dentro del ataúd blanco con ribetes de oro, me pareció una preciosidad y le dije desde el interior boca arriba.Diamond_White_Casket

! Señor Alcantarilla esta caja, me la guarda usted para mí! eso si me lo oyó, vino corriendo y me saco en volandas de la ataúd, y me abrazo contra su gran cuerpo y con todas sus fuerzas que casi me asfixia y me dijo con lágrimas en los ojos – ¡esta no cariño ¡- porque la tuya yo no quiero tenerla en mi poder. Cuando me bajo de sus brazos a parte de poder respirar hondo, me quede un tiempo pensando, que es lo que quiso decirme, cerró la puerta en silencio con llave, nunca estaba cerrada así, pero la cerro para que su amigo Carlitos no entrara nunca allí de “ninguna forma” y que se quedaran esos féretros (aunque en esos años los féretros eran las camillas donde transportaban a los muertos) donde debían estar….a oscuras

Nos olvidamos de aquello, aunque él no porque siendo yo mayor casado y con mis hijos fui un año, a ver a mi amigo Alcantarilla, y ya no vivía, ya no tenían los ataúdes, hacía tiempo que había fallecido, pensé dentro de mi tristeza y recuerdos, que mi amigo de correrías y aventuras en su sueño eterno, se llevaría mi ataúd blanco con ribetes dorados al cielo, y seguro que me esperara en la puerta del cielo sentado en su silla grande de mimbre y a su lado una silla más pequeña para su amiguito Carlitos

Y volveremos él y yo en el cielo, estar junto la puerta de la tienda, sentados en nuestra respectivas sillas de mimbre, comiendo aquel chocolate llamado Bollet de forma cilíndrica, con la fórmula tradicional Valenciana envueltos en papel de estraza, típicos de Utiel que siempre tenía en el cajón del dinero, mientras saboreábamos el dulce chocolate casero, estoy seguro que él desde el cielo seguiría viendo pasar a los vecinos y saludar a todos, y yo me veía mayor feliz y vendría mi madre como siempre y al verla seguiría con mis aires de grandeza, pero se iban porque yo necesitaba, el amor de mi madre y que fuera siempre su niño, ahora en el cielo era pequeño al lado de ella, con una sonrisa, de las tantas que ofrecía al cabo del día, mi madre le diría a mi amigo al levantarse para saludarla -! a ver si dejas tranquilo algún día al señor Alcantarilla!- y el la diría sonriendo ! no señora Cloti, me encanta su hijo, sus batallitas, sus cuentos es un buen niño!.

Bonito sueño el mío cuando me entere de la muerte de mi querido amigo que en gloria este. La gran amistad con él y su familia, era como la mia.Total siempre le he recordado y le recordare, aprendí mucho de él era pequeño, pero lo que me decía    , era como el chocolate que comíamos él y yo, lo ves lo saboreas lo digieres lo expulsas, pero el dulzor se te queda para siempre, no lo olvidas tengas la edad que tengas.

Pero esta historieta real, sirve para rematar otra que tiene algo que ve con mi recordado amigo señor Alcantarilla .Fue que yo enferme con una pulmonía doble en Utiel, a punto casi de morir según mis padres en un momento de fiebre y delirio, parece ser que hable delirando, y en voz alta con mi padre, mi madre, mi hermana y demás familia en casa del tío José y dije; ¡mama mama¡ dile al señor Alcantarilla que me deje el ataúd blanco con ribetes de oro, que conocemos los dos me lo guarde para mí¡ mis padres casi se mueren antes que yo, no sabían nada pero si sabían mi amistad con mi amigo, que vendía alpargatas y ataúdes, pero no tanto hasta llegar a dejarme entrar en un ataúd, el venia todos los días a verme, cuando estuve malo convaleciente, con su bata gris y su chocolate Bollet que tanto nos gustaba a los dos.

Me cure no sé si por el chocolate, o por los besos de mi madre ,el caso es que volví con mi amigo el señor Alcantarilla, a la puerta de su tienda, sentarme en mi silla de mimbre bajita, junto a él con su silla de mimbre más grande, saludar a los vecinos comiendo chocolate cilíndrico, comentar las nuevas batallitas, pero nunca volví a entrar al cuarto fúnebre, por orden de mis padres y de mi amigo, el que me quería el que me aconsejaba el que me regalaba chocolate y sobre todo su mayor regalo fue: su amistad su enseñanza, sus consejos y sobre todo aquel abrazo que me dio cuando me saco del ataúd blanco con ribetes de oro, que nunca fue para mí, según me dijo en su día, mi compañero, mi amigo, mi consejero que tanto aprendí y que nunca le olvide……EL SEÑOR ALCANTARILLA.

Después de estos acontecimientos, bueno será que cuente con detalle dos pequeñas historias pasadas en el mismo pueblo Utiel y en la misma fecha y fueron estas.

Los días que no pasaba con el señor Alcantarilla, yo era el policía de la zona donde vivíamos, en la plaza del Castillo cerca del Ayuntamiento, pues bien mi padre, el alcalde y el tío José a sabiendas de mi fantasía infantil, me propusieron ser el policía más joven del pueblo, en el despacho del alcalde, me dieron un revolver de juguete que mi padre compro en la feria con su cinturón correspondiente, el alcalde una insignia de policía caducada, y el tío José no sé cómo se le apaño una gorra de policía, y claro esta las órdenes oportunas de la autoridad, como que mi cometido era, que toda las puertas de calle de la plaza estuvieran limpias, sino multa que te crio.

Yo me creí todo tenía siete años y la aventura era fantástica, así que a cumplir las órdenes de todos mis “jefes” que parecían muy serios, no tarde mucho en ejercer las órdenes dadas, puerta que veía sucia , picaporte que arreaba y la dueña en la puerta, mirando a un enano con un ojo vago con gafas, pantalón corto, alpargatas blancas sucias, medias medio bajadas y un pistolón que me llegaba hasta las rodillas, una chapa pegada a la camisa y una gorra sobre mis gafas, la señora no daba crédito, pero reaccionó diciéndome, ¿qué quieres Carlitos?, yo el “policía”( que conocía por las películas, mis tebeos del F.B.I. y de Roberto Alcázar y Pedrín) la conteste ¡ señora tiene usted la entrada sucia¡ por lo tanto la tengo que multar por orden del alcalde ,yo creo que no oyó ni lo de alcalde, pego un portazo y me dejo en la calle, mirando al picaporte de bronce que era una mano agarrando una bola, eso me pasaba con casi todas o todos…. ¡NO ME HACIAN CASO¡.

Sabéis lo que hice con algunas vecinas o vecinos que se reían de mí y me mandaban a la “mierda” pues recogía de la calle las “cacas” de perros que veía (que eran muchas) y las colocaba en las puertas de las vecinas que fueron antipáticas conmigo, y que no me vieran junto a mi respectiva mediata, del “policía” que les había “multado”, que fueron varias. Un día que estaba sentado con mi amigo el señor Alcantarilla en mi silla de mimbre pequeña, saboreando el delicioso chocolate Bollet, paso el alcalde y me dijo, ¡hombre pequeño policía a ti quería verte ¡quiero darte unas vacacione que te mereces, dame la placa y la gorra que te la guarde, yo me lo creí, pero la verdad fue, que hubo varias quejas al alcalde y que no tuvo más remedio que …despedirme.

Esta otra historia, ocurrió casi cuando me venía con mis padres a Madrid, en la agencia de “mi tío José” muchas noches, pues hacíamos una pequeña y ligera cena, con los empleados y un servidor, cuando casi habíamos terminado, uno de ellos dijo “podíamos comernos una sandía del camión”, dicho y hecho, a que se imaginan a quien le toco ir a por el postre, pues acertaron a un servidor el voluntarioso Carlitos.

Se trataba de ir al camión aparcado al final de la calle peatonal poco iluminada, con callejuelas a un lado y al otro, pues allí fui contento, cantando silbando en una palabra estaba orgulloso de hacer algo que me mandaran los mayores, pues bien me subí al camión, levante la lona y rebusque con la vista la sandía más gorda, que siempre está al lado de las menos gordas, la baje como pude la agarre con fuerza y ala, camino a la agencia por esa calle peatonal tan semioscura y las oscuras callejuelas adyacentes, bajaba como subí pero, con una carga pesada y delicada, cuando iba llegando a la zona de la agencia y donde estaba la Catedral que la veía por sus luces, oí una voz como de ultratumba (dejamos la frasecita al aire) que decía,

Carlitos donde vas con una sandía robada¡- me pare en seco, casi se me cae la dichosa sandia, del susto porque si cae al suelo con lo grande que era esa noche nos quedamos….sin postre, no quería mirar la callejuela de donde salía esa “terrible voz”,

Avance casi con los ojos cerrados y llegue a la callecita maldita, y otra vez la vozarrona llamándome, no pude aguantar más y avance corriendo hacia mis salvadores, en la agencia iluminada, tuve tiempo de ver al “fantasma” que era un cuerpo alto cubierto con una sábana blanca y una linterna iluminando su horrible cara que no veía, llegue exhauto a la puerta de la agencia los pase como si no estuvieran, me escondí tras el mostrador asome la cabecita y vi bajar al falso fantasma, y cuando llego y se juntó con los sonrientes compañeros, se acercaron a mí y me dijeron todos a unísono, ¿y la sandía Carlitos donde esta? Y yo un poco menos asustados, les dije con asombro…..PREGUNTAR AL FANTASMA Y SINO MIRARLE LA SUELA DE LAS ALPARGATAS.fantasma-disfraz-halloween--644x362

Terminada mi historia en ese maravilloso y recordado pueblo, es de recibo que exponga sus cualidades como población…….UTIEL es un municipio de la Comunidad Valenciana provincia de Valenciana, la ciudad pertenece a Valencia, dicha ciudad está situada en un anti plano a orillas del rio Magro, en la comarca de Requena. UTIEL cuenta con más de doce mil habitantes, su auténtico flujo es el vino, posee una bodega que es la mayor de la Comunidad Valenciana, el gran sector ganadero cuenta con varias granjas de porcino, avícola y lana que por todo ello y unido al turismo junto al trabajo de sus maravillosos habitantes,. A UTIEL se le augura un brillante y próspero futuro. ENHORABUENA.